Respuestas a las Justificaciones: ¿Dónde Fue Los Santos del Antiguo Testamento?


Llevando Cautiva la Cautividad
Por Paul W. Davis

Derechos reservados 2005. Toda escritura es de las Sagradas Escrituras, traducidos por Casiodoro de Reina en 1569, mas que si está en conflicto con la versión de inglés, la King James Version. En este caso, es modificado para estar de acuerdo con la King James Version y será anotada por una addenda, “modificado”, después del pasaje bíblico citado. Se puede copiar este artículo sin permiso del autor siempre que se copie y se use en su totalidad.


Subiste a lo alto, llevaste cautiva la cautividad, has recibido dones para los hombres, y también para los rebeldes, para que habite entre ellos el SEÑOR Dios. (Salmo 68:18, modificado)


Pero a cada uno de nosotros es dada la gracia conforme a la medida del don del Cristo. Por lo cual dice: Cuando subió a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres. (Efesios 4:7-8, modificado)


Se use estos dos pasajes para apoyar la idea que el Señor Jesucristo fue al “paraíso” o al “seno de Abraham” cuando murió en la cruz y libró las personas cautivados allí esperando la muerte de Él para ser justificados y dignos para entrar en el cielo. Se dice que los santos de Antiguo Testamento tuvieron que esperar hasta que Cristo fue sacrificado para ser justificadas y entrar el Cielo.

Sin embargo, como se puede ver por la exposición previa sobre la veracidad y las promesas de Dios, esta explicación no puede resistir la prueba de las razones correctas de la Escritura. Si era así significará que existió alguna duda en la mente de Dios acerca de la obra de la expiación en la cruz por Jesucristo.

No obstante, veremos a lo que dicen los versículos en cuanto de eso viendo que el artículo principal demuestra que los santos del Antiguo Testamento nunca quedaron en una “sala de espera”.

Para empezar, la única cosa espiritual que está descrito como una prisión que puede sujetar a alguien – es el pecado. En Juan, capítulo ocho, lo siguiente nos es dado por el Señor Jesucristo:

Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, es siervo de pecado. (Juan 8:34)


Eso es reforzado en la epístola a Gálatas en la cual el apóstol Pablo dice plenamente que todos nosotros, cuando somos (o éramos) perdidos, éramos siervos bajo los elementos del mundo, o la ley, la cual es la potencia del pecado.

Así también nosotros, cuando éramos niños, éramos siervos bajo los elementos del mundo. Mas venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió su Hijo, nacido de mujer, nacido súbdito de la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos (Gálatas 4:3-5)


Ahora, vemos plenamente por la Escritura que hay uno que es enteramente pecado. De hecho, él es el autor de pecado.1 Además, su delito es en el hecho de que la gente pecan y son rebeldes a Dios. Ese individuo es Satanás, o el Diablo. In Isaías, capítulo 14, vemos que Satanás que es el captor. Al hablar del juico de Satanás, el Señor nos dice que una parte de Su condenación del Diablo es por el hecho de que Satanás no está dispuesto a permitir que ninguno esté libre del pecado y sus efectos devastadores.

Se han de inclinar hacia ti los que te vieren y te considerarán, diciendo : ¿Es éste aquel varón que hacía temblar la tierra, que trastornaba los reinos. Que puso el mundo como un desierto? ¿Que asoló sus ciudades? ¿Que a sus presos nunca abrió la cárcel? (Isaías 14:16-17)


Es evidente que los cautivos en la cárcel son ellos quienes están muertos en pecados y iniquidades. La cautividad, pues, es el pecado y su habilidad de guardar a uno en servidumbre. Eso es, por supuesto, lo que la Escritura enseña del pecado y sus efectos. El Señor Jesucristo, por Su obra en la cruz, dio a todos, que en él confían, libertad de pecado y su habilidad de sujetarles bajo de esclavitud. Eso está confirmado por I Juan 3:9, que dice: Cualquiera que es nacido de Dios, no hace pecado, porque su simiente está en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. (I Juan 1:9)

Y otra vez en II Corintios: Porque el Señor es aquel Espíritu; y donde el Espíritu del Señor es, hay libertad. (II Corintios 3:17, modificado)


Y por fin, el Señor Jesús mismo dijo a los Judíos en Juan 8:36: Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.

Todo esto dice claramente que el Señor Jesucristo tomó la cautividad de pecado, cautivo, destruyendo su poder. También, con la destrucción del poder de pecado para esclavizar, destruyó los efectos del pecado que son la muerte y el infierno.



Finis