Subiste a lo alto, llevaste cautiva la
cautividad, has recibido dones para los hombres, y también para
los rebeldes, para que habite entre ellos el SEÑOR Dios.
(Salmo 68:18, modificado)
Pero a cada uno de nosotros es dada la
gracia conforme a la medida del don del Cristo. Por lo cual dice:
Cuando subió a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones
a los hombres. (Efesios 4:7-8, modificado)
Se use estos dos pasajes para apoyar la idea que el Señor
Jesucristo fue al “paraíso” o al “seno de Abraham” cuando murió
en la cruz y libró las personas cautivados allí esperando la
muerte de Él para ser justificados y dignos para entrar en el
cielo. Se dice que los santos de Antiguo Testamento tuvieron que
esperar hasta que Cristo fue sacrificado para ser justificadas y
entrar el Cielo.
Sin embargo, como se puede ver por la exposición previa sobre la
veracidad y las promesas de Dios, esta explicación no puede
resistir la prueba de las razones correctas de la Escritura. Si
era así significará que existió alguna duda en la mente de Dios
acerca de la obra de la expiación en la cruz por Jesucristo.
No obstante, veremos a lo que dicen los versículos en cuanto de
eso viendo que el artículo principal demuestra que los santos del
Antiguo Testamento nunca quedaron en una “sala de espera”.
Para empezar, la única cosa espiritual que está descrito como una
prisión que puede sujetar a alguien – es el pecado. En Juan,
capítulo ocho, lo siguiente nos es dado por el Señor
Jesucristo:
Jesús les respondió: De cierto, de cierto os
digo, que todo aquel que hace pecado, es siervo de pecado.
(Juan 8:34)
Eso es reforzado en la epístola a Gálatas en la cual el apóstol
Pablo dice plenamente que todos nosotros, cuando somos (o éramos)
perdidos, éramos siervos bajo los elementos del mundo, o la ley,
la cual es la potencia del pecado.
Así también nosotros, cuando éramos niños, éramos
siervos bajo los elementos del mundo. Mas venido el cumplimiento
del tiempo, Dios envió su Hijo, nacido de mujer, nacido súbdito
de la ley, para que redimiese a los que
estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de
hijos (Gálatas 4:3-5)
Ahora, vemos plenamente por la Escritura que hay uno que es
enteramente pecado. De hecho, él es el autor de pecado.
1 Además, su delito es en el hecho de
que la gente pecan y son rebeldes a Dios. Ese individuo es
Satanás, o el Diablo. In Isaías, capítulo 14, vemos que Satanás
que es el captor. Al hablar del juico de Satanás, el Señor nos
dice que una parte de Su condenación del Diablo es por el hecho
de que Satanás no está dispuesto a permitir que ninguno esté
libre del pecado y sus efectos devastadores.
Se han de inclinar hacia ti los que te vieren y
te considerarán, diciendo : ¿Es éste aquel varón que
hacía temblar la tierra, que trastornaba los reinos. Que puso el
mundo como un desierto? ¿Que asoló sus ciudades? ¿Que a sus
presos nunca abrió la cárcel? (Isaías 14:16-17)
Es evidente que los cautivos en la cárcel son ellos quienes están
muertos en pecados y iniquidades. La cautividad, pues, es el
pecado y su habilidad de guardar a uno en servidumbre. Eso es,
por supuesto, lo que la Escritura enseña del pecado y sus
efectos. El Señor Jesucristo, por Su obra en la cruz, dio a
todos, que en él confían, libertad de pecado y su habilidad de
sujetarles bajo de esclavitud. Eso está confirmado por I Juan
3:9, que dice:
Cualquiera que es nacido de
Dios, no hace pecado, porque su simiente está en él; y no puede
pecar, porque es nacido de Dios. (I Juan 1:9)
Y otra vez en II Corintios: Porque el Señor es
aquel Espíritu; y donde el Espíritu del Señor es, hay
libertad. (II Corintios 3:17, modificado)
Y por fin, el Señor Jesús mismo dijo a los Judíos en Juan 8:36:
Así que, si el Hijo os libertare, seréis
verdaderamente libres.
Todo esto dice claramente que el Señor Jesucristo tomó la
cautividad de pecado, cautivo, destruyendo su poder. También, con
la destrucción del poder de pecado para esclavizar, destruyó los
efectos del pecado que son la muerte y el infierno.
Finis