Fe – parte 1

Una de las cosas que se entiende mal en la Escritura, (de la cual muchos hablan y reclaman), es la Fe. No es entendida bien por la inmensa mayoría de los que la reclaman, y es burlada y hecha ridículo por los ateos que dicen que es el refugio de los religiosos cuando no pueden explicar algo. Tristemente, los ateos son más correctos que muchos cristianos. Tendría que estar de acuerdo que la inmensa mayoría de los cristianos que reclaman que saben algo de la fe, no la entienden de verdad cuando lo que reclaman es directamente en contra de la Escritura. Cuando eso sucede, lo que alcanzan es dar razón al ateo y al desdeñoso. Realmente, sería mejor que el cristiano se cierre la boca cuando no sabe por seguro lo que enseña la Escritura. En el caso de fe, tendría que pensarlo bien para entender como abordar el asunto. No porque no sé como funciona o trabaja, sino como explicarlo en una manera sensible, que se presente un reto. Tal vez es mejor empezar donde la fe empieza, con el dueño de ella. Es cierto que hay los que reclaman que la fe es creada por el hombre y es de él. Sin embargo, toda las cosas en la Escritura tiene su versículo clave que es el lugar correcto para empezar tratar con una doctrina. De vez en cuando es la primera mención, pero no siempre. En el caso de la fe, hay un versículo que declara como tiene que ser recibida.

Así pues, la fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios (Romanos 10:17, modificado)

Porque la palabra “viene” es en letra cursiva, es necesario clarificar que el Griego original hubiera sido “fe por el oír” que da a entender bien que la fe es recibido de alguien o de algún otro lugar. Pues, los traductores de la Biblia inglés, (KJV), nos dicen que añadieron la palabra “viene” para aclarar la implicación que es bastante fuerte para ser una declaración. Pues, si fe “viene”, es necesario que sea recibido y no generado dentro de nosotros. Eso es crucial en que, si uno no tiene fe, pues todavía no fue concedido a él basado en el criterio que tiene el dueño para dársela. Así pues, ¿quién es dueño de la fe? Para no insultar, esperaría que todos entiendan automáticamente que el SEÑOR Dios es el dueño de la fe. Sin embargo, sé que hay versículos algunos usan para indicar que declaran que ciertos individuos posean la fe, y que es de ellos. El problema es que ninguno de nosotros posee nada que es realmente nuestros, (mas que la maldad que escogemos hacer) como dice la Escritura:

Porque ¿quién te hace que difieras de alguien? ¿O qué tienes que no has recibido? Y si lo recibiste, ¿porqué glorias como si no lo ha recibido? (I Corintios 4:7, modificado)

Pues, aun nuestras vidas realmente no son nuestras, porque es Dios que nos la concede. Siendo eso el caso, somos empujados a entender que la fe no es de nosotros y que no podemos producirla de nada. Los siguientes pasajes hablan de la fe y de quién es el dueño de ella y quién la controla. Al leerlos, favor de notar la frase “fe de” que habla de quién es el dueño.

Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesús, el Cristo, aun nosotros hemos creído en Jesús, el Cristo, para que fuésemos justificados por la fe del Cristo, y no por las obras de la ley: por cuanto por las obras de la ley ninguna carne será justificada. (Gálatas 2:16, modificado)

Con Cristo estoy juntamente crucificado, pero vivo yo, sino no yo, mas Cristo vive en mí; y la vida que vivo ahora en la carne, la vivo por la fe del Hijo de Dios, el cual me amaba, y se entregó a sí mismo por mí. (Gálatas 2:20, modificado)

La Escritura ha concluido todo bajo pecado, para que la promesa fuese dada a los creyentes por la fe de Jesús, el Cristo. (Gálatas 3:22, modificado)

Y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por fe; …..(Filipenses 3:9, modificado)

Mirando a Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual, por el gozo propuesto, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza, y es sentado a la diestra del trono de Dios. (Hebreos 12:2, modificado)

Aquí está la paciencia de los santos: aquí están los que guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús. (Apocalipsis 14:12)

Ahora, para ser justo, los pasajes anteriores son en el contexto del creyente en Cristo, y como tal creyente es guardado por el Señor. Lo cual, si examinamos los pasajes de nuevo, encontraremos que la fe que es necesaria para guardar el creyente no es realmente la fe del creyente, sino de Cristo. Tal vez eso parece raro a algunos, pero es consistente con el pasaje de Romanos capítulo 10 que nos dice que la fe “viene” y que la fe que viene es la fe de Cristo. Porque Cristo es Dios manifestado en carne, y totalmente igual con el Padre, debemos entender que el Padre y el Espíritu Santo también posean la fe. Pues el dueño de la fe es el Dios Altísimo. ¿Significa eso que los que todavía no conocen el SEÑOR no pueden tener fe? Claro que no. Hay dos razones sólidas que nos dicen que alguien puede tener fe aunque no es nacido de nuevo todavía. Debemos recordar que el aire que respiramos es del SEÑOR y que Él es el dueño de la vida que tenemos, y no digamos ya que todo lo demás de la creación es de Él también, y todavía nos permite usar todo. Más importante aún, Dios no desea que ninguno se pierda, sino que todos vengan al arrepentimiento, (aunque no todos lo harían) y que nadie puede acercarse a Dios ni agradecerle sin fe como dice Hebreos, capítulo 11, versículo 6:

Pero sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que a Dios se allega, crea que él es, y que es galardonador de los que le buscan. (Hebreos 11:6, modificado)

En la declaración anterior es claro que uno tiene que tener la fe antes de que pueda agradecer a Dios y ser reconciliado con Él. Esto significa que hay cierto criterio por lo cual el SEÑOR concederá la fe al individuo para poder agradecerle. Uno de este criterio es dado en el versículo arriba cuando dice ” que es galardonador de los que le buscan” Un segundo criterio es dado en el pasaje anotado previamente de Romanos que dice que ” la fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios” que significa claramente que no hay otra manera ordenado por la cual uno recibe la fe. Es necesario que uno lea y estudie la Escritura diligentemente para que el SEÑOR le conceda la fe necesaria para ver y entender la verdad de Dios. No obstante, no es todo; hay un criterio más para cumplir:

Yo, el SEÑOR, escudriño el corazón, pruebo los riendas, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras. (Jeremías 17:9)

Este versículo es confirmado en Job por la declaración hecho por el joven Eliú, un predicador del evangelio:

Por tanto, varones de entendimiento, oídme: Lejos esté de Dios hacer impiedad, y del Omnipotente hacer iniquidad. Porque él pagará al hombre según su obra, y él le hará hallar conforme a su camino. (Job 34:10,11)

Es confirmado más por Proverbios: Es el último criterio que es lo más difícil cumplir, porque mentiremos a nosotros mismos acerca de lo que realmente queremos. No obstante, el SEÑOR Dios, Quien nos escudriña por completo, sabe con seguridad porqué leemos Su palabra, y lo que pretendemos hacer con ella. Pues, si nunca pretendemos usarla apropiadamente, o si queremos burlar a las cosas de Dios, el SEÑOR Dios nunca nos concede el instrumento de fe por la cual uno puede percibir y entender la verdad de Dios y Su palabra. Pues, su uno nunca puede entender la palabra de Dios, y no puede alcanzar seguridad de la verdad de la Escritura, hay que empezar en su propio corazón. La fe es del SEÑOR Dios, y como todo lo demás, es de Él para dar basado en quién cumpla el criterio para recibirla. ¿Realmente quieres saber, o está jugando? Continuará . . .
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